Las mejores 58 Frases de Viajero - FrasesWiki.com

Encontramos 58 frases sobre Viajero

Pero descubrió que la vida de un viajero incluye muchos pesares entre sus satisfacciones. El espí­ritu se encuentra siempre en tensión; y justo cuando empieza a aclimatarse, se ve obligado a cambiar aquello que le interesa por nuevas cosas que atraen su atención y que también abandonará en favor de otras novedades. " Frankenstein " (1818), Mary Shelley
Autor:" Frankenstein " (1818) Mary Shelley
¿Puede dar un consejo a un viajero? - Sí­. Que se consiga una casa en la playa. (...) - ¿Algún otro consejo? -preguntó Arthur, ¿Que no tenga que ver con bienes raí­ces? -Una casa en la playa es algo más que eso. Es un bien espiritual - aseguró el anciano, volviéndose para mirar a Arthur. " Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva " (1992), Douglas Adams
Autor:" Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva " (1992) Douglas Adams
Algunas ciudades, como paquetes envueltos bajo árboles de Navidad, encierran inesperados regalos, secretas delicias. Algunas ciudades siempre serán paquetes envueltos, receptáculos de enigmas que jamás resolverán ni verán siquiera los visitantes en vacaciones, ni tampoco los viajeros más inquisitivos y persistentes. " Música para camaleones " (1980), Truman Capote
Autor:" Música para camaleones " (1980) Truman Capote
En Leningrado, cuando un viajero sale de la estación de Moscú y tuerce a la izquierda de la plaza que se abre delante, va a dar a la célebre avenida de Nievski, ensalzada por poetas y escritores rusos en sus obras. (...) En esa plaza, el viajero se retiene prolongadamente, extasiándose en contemplar los suntuosos edificios erigidos allí por el pueblo ruso, infatigable constructor.
Yo no estoy y estoy siempre en mis versos, viajero, pero puedes hallarme si por el libro avanzas dejando en los umbrales tus fieles y balanzas: requieren mis jardines piedad de jardinero.
Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía.
Un viajero marino tiene incluso una impresión mas vivida de que el oceano esta hecho de ondas en lugar de materia.
Siempre he pensado que nada es mejor que viajar a caballo, pues el camino se compone de infinitas llegadas. Se llega a un cruce, a una flor, a un árbol, a la sombra de la nube sobre la arena del camino, se llega al arroyo, al tope de la sierra, a la piedra extraña. Pareciera que el camino va inventando sorpresas para goce del alma del viajero.
Un hombre sin carácter es una nodriza sin leche. Un soldado sin armas, un viajero sin fondos
Y cada vez que partí llevé conmigo la imagen de mí barrio, que fui mostrando y dejando en las ciudades del mundo. Fue así como un viajero que viajaba con su barrio a cuestas. O como esos árboles trasplantados que sólo dan fruto si llevan adheridas a sus raíces la tierra en que nacieron y crecieron.
Como todos los grandes viajeros -dijo Essper- yo he visto más cosas de las que recuerdo, y recuerdo más cosas de las que he visto.
De repente, ante los viajeros, apareció una colina. El automóvil la abordó como una tromba. Llovía a cántaros. Los relámpagos enviscaban el cielo con pegajosos resplandores. La colina, creciendo paulatinamente, se convirtió en montaña.
Como el viajero que al volver de un largo viaje, es recibido por su familia y amigos, del mismo modo las buenas obras hechas en esta vida, nos recibirán en la otra, con la alegría de dos amigos que se vuelven a encontrar
Un viajero sabio nunca desprecia su propio país.
Tu cuerpo es el país de las caricias, en donde yo, viajero desolado - todo el itinerario de mis besos - paso el otoño para no morirme, sin conocer el valor de tu ausencia como un diamante oculto en lo más triste.
¡Ay! Corazón viajero, tu soledad es perdición, has de llorar tu soledad vacía si se te muere la flor de la imaginación.
¡Feliz, feliz Navidad, la que hace que nos acordemos de las ilusiones de nuestra infancia, le recuerde al abuelo las alegrías de su juventud, y le transporte al viajero a su chimenea y a su dulce hogar!
Los viajeros y conquistadores griegos y romanos reconocían sin mayor dificultad a sus propios dioses en todas partes y decían: éste es Mercurio, aquélla es Venus, éste, Marte, aquél, Neptuno, cualquiera fuera el nombre con que se designara a los dioses extranjeros.
La belleza del cuerpo es un viajero que pasa, pero la del alma es un amigo que queda.
¿Puede dar un consejo a un viajero? - Sí. Que se consiga una casa en la playa. (...) - ¿Algún otro consejo? -preguntó Arthur, ¿Que no tenga que ver con bienes raíces? -Una casa en la playa es algo más que eso. Es un bien espiritual - aseguró el anciano, volviéndose para mirar a Arthur.
El caminante que sube a una montaña se vuelve dueño de sí mismo y responsable de su propia vida: no está sometido a los caprichos de los elementos como el navegante aventurero sobre los mares, menos aún como el viajero transportado en ferrocarril, simple carga humana facturada, etiquetada, controlada y expedida a hora fija bajo la vigilancia de un empleado uniformado.
Los viajeros nos cuentan que esas aguas calientes edifican verdaderos palacios, ciudadelas y murallas de algunos kilómetros de longitud. Blancos como el alabastro, los pilares y basamentos crecen incesantemente por el depósito de las cascadas susurrantes que poco a poco ocupan la llanura.
La luna de Río se queda para que en las noches le cuente que yo pasé por tu lado, viajero incansable, pasé por tu lado y dejé el corazón.
La luna de Rí­o se queda para que en las noches le cuente que yo pasé por tu lado, viajero incansable, pasé por tu lado y dejé el corazón.
Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos.
Hay grandes viajeros que nunca han salido de su barrio y turistas que han recorrido el mundo sin por ello ser viajeros.
Todo pesa, todo es un lastre para el camino. Para el camino del viajero y el de la vida hay que ir ligero de equipaje.
En la historia caminamos entre las ruinas de lo egregio. La historia nos arranca a lo más noble y más hermoso, por que nos interesamos. Las pasiones lo han hecho sucumbir. Es perecedero. Todo parece pasar y nada permanecer. Todo viajero ha sentido esta melancolía.
En la historia caminamos entre las ruinas de lo egregio. La historia nos arranca a lo más noble y más hermoso, por que nos interesamos. Las pasiones lo han hecho sucumbir. Es perecedero. Todo parece pasar y nada permanecer. Todo viajero ha sentido esta melancolí­a.
No me arrepentía de haberme establecido durante algún tiempo en El Cairo y de haberme hecho bajo todas las circunstancias un habitante de esa ciudad, la cual es la única forma sin duda alguna de comprenderla y amarla, los viajeros no se dan tiempo, de costumbre, para comprender su vida íntima y para penetrar las bellezas pintorescas, los contrastes, los recuerdos.
No me arrepentí­a de haberme establecido durante algún tiempo en El Cairo y de haberme hecho bajo todas las circunstancias un habitante de esa ciudad, la cual es la única forma sin duda alguna de comprenderla y amarla; los viajeros no se dan tiempo, de costumbre, para comprender su vida í­ntima y para penetrar las bellezas pintorescas, los contrastes, los recuerdos.
Desde entonces, el recuerdo de León fue como el centro de su hastío, chisporroteaba en él más fuerte que en una estepa de Rusia, un fuego de viajeros abandonado en la nieve.
Un viajero no ve nada a fondo: su mirada resbala sobre los objetos sin penetrarlos
(...) Esta elevada cadena que separa Andalucí­a de la Mancha no estaba entonces habitada sino por contrabandistas, por bandidos, y por algunos gitanos que tení­an fama de comer a los viajeros que habí­an asesinado. (...) Y eso no es todo. Al viajero que se aventuraba en aquella salvaje comarca también lo asaltaban, se decí­a, infinidad de terrores muy capaces de helar la sangre en las venas del más esforzado.
A pesar de estas decepciones, que suelen aparecer a los viajeros de estos países, de mi viaje a Tedmor me ha dado muchas satisfacciones. Además del placer de ver esas ruinas interesantes, he tenido buenas oportunidades de observar a los beduinos con sus propias tiendas de campaña, exhibiendo siempre mucha hospitalidad y amabilidad.
En este punto surgen nuevas dificultades, un frío intenso y la imposibilidad de respirar. La primera dificultad la salvamos mediante cierta fuerza innata en nosotros, la segunda poniéndole al viajero esponjas humedecidas junto a las narices. Una vez realizada la primera parte del trayecto, el viaje se hace más fácil.
El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es sólo el inicio de otro viaje
Viajero que dentro el pecho a caballo siempre vas. Por la herida sales, pero...No creo que a descansar Es estrecha la salida para aquello que se va. ¿Va el rí­o adonde, si el rí­o la sed no le quita al mar?
No vemos dos veces el mismo cerezo ni la misma luna sobre la que se recorta un pino. Todo momento es el último porque es único. Para el viajero, esa percepción se agudiza debido a la ausencia de rutinas engañosamente tranquilizadoras, propias del sedentario, que nos hacen creer que la existencia va a seguir siendo como es por algún tiempo
Pero descubrió que la vida de un viajero incluye muchos pesares entre sus satisfacciones. El espíritu se encuentra siempre en tensión, y justo cuando empieza a aclimatarse, se ve obligado a cambiar aquello que le interesa por nuevas cosas que atraen su atención y que también abandonará en favor de otras novedades.
Cada viajero perfecto siempre crea el país al que viaja.
Llamas que el viajero olvida, cenizas que dispersa el viento: he ahí la vida del hombre.
Llamas que el viajero olvida, cenizas que dispersa el viento: he ahí­ la vida del hombre.
Con las ventanas de su mente abiertas de par en par, todo lo percibía con una enorme profundidad exceptuando la pantalla del televisor que tenía delante y, como esos viajeros que al regresar después de un largo viaje encuentran sus casas, sus cosas y sus habitaciones extrañas, pequeñas, distintas y viejas, miraba sorprendida los objetos que la rodeaban, las mesillas y las arrugas de las cortinas.
Si el viajero que se sentaba junto a la ventana no hubiera estado tan cansado del viaje y hubiera prestado un poco más de atención a los enormes copos que descendían del cielo como plumas, quizá hubiera podido sentir la fuerte tormenta de nieve que se acercaba y quizá, comprendiendo desde el principio que había iniciado un viaje que cambiaría toda su vida, habría podido volver atrás.
¡Viajero! Acércate y respira por fin este olor que cura de todo movimiento.
¡Viajero! Acércate y respira por fin este olor que cura de todo movimiento.
La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
Me zambullí­ como en una gran copa de champaña, en un mar de estrépitos y fragancias. Por eso jamás pude llevar la rutina de un intelectual y mis lecturas nunca tuvieron una disciplina demasiado rigurosa. Escribir y leer tení­an que ser placeres. Hay escritores que interponen un escritorio o una biblioteca entre ellos y la vida. Yo tomé el camino del regocijo. Escribir era parte del viaje y yo me estaba asumiendo como viajero.
No existen tierras extrañas. Es el viajero el único que es extraño.
Todos somos viajeros en el yermo de este mundo, y lo mejor que podemos encontrar en nuestro recorrido es un amigo honesto.
Tras la lucha que rinde y la incertidumbre amarga del viajero que errante no sabe dónde dormirá mañana, en sus lares primitivos halla un breve descanso mi alma
El amor y la razón, son dos viajeros que nunca habitan juntos en el mismo albergue: cuando uno llega, el otro se va.
La alternativa es inexorable: o soy viajero de las antiguas épocas, y me enfrento con un espectáculo prodigioso que me resultaría casi ininteligible o soy viajero de mi época, precipitándome en la búsqueda de una realidad desvanecida.
El amor y la razón son dos viajeros que nunca moran juntos en el mismo albergue. Cuando el uno llega, el otro parte
Ese país desconocido del que no vuelve ningún viajero...
Hay un gran árbol, su tronco es tan grueso que sería muy difícil cortarlo. Ahí sigue al borde del camino. Los carpinteros que pasan por allí ni se dignan mirarle, pero muchos viajeros se cobijan bajo su enorme sombra. Así es el Sabio: de tan grande deviene en inútil, pero muchos se cobijan bajo sus palabras. ¿Por qué, entonces, va a ser perjudicial y malo no servir para nada?
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