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Encontramos 12 frases sobre Sirena

Y es que, en cuestión de mujeres, a veces oyes canto de sirena y te sale loba de mar. " La Reina del Sur " (2002), Arturo Pérez-Reverte
Autor:" La Reina del Sur " (2002) Arturo Pérez-Reverte
El pueblo es un canto de sirena. Su fervor es una adicción perniciosa. Es el vicio por excelencia de los egos exaltados, su nirvana de una noche y su perdición programada. " La última noche del Rais " (2015), Yasmina Khadra
Autor:" La última noche del Rais " (2015) Yasmina Khadra
(...) Y luego entra en escena un hombre de verdad, fuerte hasta el extremo de la debilidad, que cae ví­ctima de sus encantos de sirena y olvida los lazos del hogar, los resultados normales, gozar la sonrisa de la amada. " Ulises " (1922), James Joyce
Autor:" Ulises " (1922) James Joyce
Vio cómo la niña aparecí­a entre los montones de libros como una sirena emergiendo de un mar de papel.
Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas. Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos.
¿Sabes lo que es una sirena? Es una mujer que conduce a los hombres a la muerte.
La sirena continúa su viaje, rí­o abajo, rí­o arriba, enarcada como un cisne, flojos los brazos como trenzas, y hace pensar en ciertas alhajas del renacimiento, con perlas barrocas, esmaltes y rubí­es. � ¿Has encontrado? ¿Has encontrado? Suspira porque presiente que nunca hallará. Los hombres blancos son como los aborí­genes: sólo hombres. Tienen la piel más fina y más clara, pero son eso: sólo hombres. Y ella no puede amar a un hombre. No puede amar a un hombre que sólo sea hombre, ni a un pez que sea sólo pez.
La única pincelada de color la proporcionaba el calendario de un proveedor, en el que se veí­an sirenas desnudas, gordas como vacas marinas, retozando en las rocas.
Los soldados siempre escucharon con amor el canto de estas verdaderas sirenas que son las amas de crí­a, que tienen medio cuerpo de mujer y medio cuerpo de vaca, siendo su medio cuerpo de vaca el que las inclina a estar siempre al aire libre en el campo, o en los jardines, junto a la hierba fresca.
Allí­ están las ventanas que te dan un pretexto para abrir bien los brazos. Asómate al marí­timo bullicio de las calles. ¿No oyes una sirena que llama desde el puerto?
Al oí­r la sirena parece que el barco se suena la nariz.
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