Las mejores 12 Frases de Rumbo - FrasesWiki.com

Encontramos 12 frases sobre Rumbo

Era la primera vez que decidí­a por sí­ misma el rumbo de su propia vida. " Mil soles espléndidos " (2007), Khaled Hosseini
Autor:" Mil soles espléndidos " (2007) Khaled Hosseini
Habí­amos cambiado de rumbo más al sur, y en el idioma de nuestros lobos de mar -que, confieso, hablo cada vez con más placer- habí­amos pasado de navegar amura a estribor a navegar largo a estribor de la cuadra. " Ritos de paso " (1980), William Golding
Autor:" Ritos de paso " (1980) William Golding
Lo que nos gusta no es nuestro camino, ni tampoco lo que no nos gusta. A veces el rumbo puede estar en lo que nos provoca indiferencia, en aquello que no nos apasiona ni aborrecemos. Has de confiar en ti, no en lo que crees que te gusta a ti... La senda no la marca lo que te gusta a ti, sino que la marcas tú... " Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven " (2011), Albert Espinosa
Autor:" Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven " (2011) Albert Espinosa
Extraviado en la soledad de su inmenso poder, empezó a perder el rumbo. " Cien años de soledad " (1967), Gabriel Garcí­a Márquez
Autor:"Cien años de soledad" (1967) " Cien años de soledad " (1967) Gabriel Garcí­a Márquez
Empecé a disfrutar de mi caminar sin rumbo; era mágico poder pasear en plena semana, así­, sin un destino preciso. " Estoy mucho mejor " (2013), David Foenkinos
Autor:"Estoy mucho mejor" (2013) " Estoy mucho mejor " (2013) David Foenkinos
El pasado está por todas partes, pero no lo vemos. Por eso no logramos deshacernos de él fácilmente. Somos como una nave inmovilizada por un ancla que se aferra a las profundidades. Lo que no significa que no seamos capaces de arrancarla y proseguir nuestro rumbo.
Desde el nacimiento hasta la muerte, conectamos nuestra existencia a un piloto automático, y hace falta una valentí­a sobrehumana para cambiar de rumbo.
El rumbo de los acontecimientos dependerá de circunstancias ajenas a los designios oficiales.
Navega, velero mí­o, sin temor, que ni enemigo naví­o ni tormenta, ni bonanza tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor.
Tras la verja, el viento acariciaba las hojas de los castaños, los pisos superiores de la place de l'Alma y la cúspide de la Tour Eiffel, en la otra orilla del Sena. Por aquel entonces, Parí­s era una ciudad que se ajustaba a los latidos de mi corazón. Mi vida solo podí­a inscribirse entre sus calles. Me bastaba con pasearme por Parí­s, solo y sin rumbo, para ser feliz.
Sueños sin rumbo; en páramos quemados, la voz del viento.
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