Las mejores 12 Frases de Rebaño - FrasesWiki.com

Encontramos 12 frases sobre Rebaño

Quizá él habí­a adivinado en mí­ esa cobardí­a, ese repugnante instinto de rebaño que me harí­a seguir la corriente. " El secreto " (1992), Donna Tartt
Autor:"El secreto" (1992) " El secreto " (1992) Donna Tartt
¡Pobrecitas y mansas ovejas del rebaño! No temáis a la loba, ella no os hará daño. Pero tampoco riáis, que sus dientes son finos ¡Y en el bosque aprendieron sus manejos felinos!
Para mí­, la multitud no es más que un rebaño de carneros mientras no está organizada. (...) Para guiarla hay que hacerlo con dos riendas: el entusiasmo y el interés. Quien sólo utilice una de ellas está en peligro. El lado mí­stico y el lado polí­tico son interdependientes. Aquél sin éste es infecundo. í‰ste sin aquél se deshoja al viento. No puedo exigirle a la multitud que viva una vida incómoda, cosa que está reservada a pocos.
Destruir el principio de responsabilidad, o al menos trasladar la responsabilidad (de los individuos a los funcionarios), no es un inconveniente menor. La responsabilidad es todo para el hombre. Es su motor, su profesor, su remunerador y su vengador. Sin ella, el hombre pierde su libertad de escoger, su capacidad de perfeccionarse y su moralidad. Sin ella el hombre deja de aprender, deja de ser hombre. Cae en la inercia y se convierte en una unidad de un rebaño.
El hombre de antaño no se parecí­a al de hoy. Nunca hubiese aquél formado parte de este rebaño que las democracias plutocráticas, marxistas o racistas alimentan para la fábrica y el osario.
El hombre, único ser consciente -o al menos creerlo así­- entre la multitud de compatriotas que se figuran libres porque malvendí­an -y era un progreso- su mí­sera fuerza de trabajo, feriaban por decreto un dí­a a la semana, procreaban regularmente hijos absurdos, discutí­an con extraña pasión acerca de la rodilla de un futbolista o el muslo herido de un matador de toros, toros ellos mismos y ni siquiera eso, mansos felices que hablaban con arrogancia de lo permitido y se permití­an condenar lo condenado, triste rebaño de bueyes sin cencerro, pasto de aprovechados y de cí­nicos, pueblo heroico en su dí­a (...) reducido al cabo de veinticinco años - ¿Cómo, dios mí­o? - a una vana sombra del pasado, a un retintí­n muerto, cuerpo somnoliento, quizá, que algún dí­a despertarí­a.
Más que un rebaño, las muchedumbres son gigantes encadenados con telarañas.
Cuando a la gente se la despoja de su rostro amontonándola, primero se convierte en rebaño y después en jaurí­a.
El espí­ritu de venganza y los supersticiosos cultos del rebaño destruyeron las mejores inteligencias de la raza, y durmieron al resto con costumbres y principios tan dañinos que las fuentes vitales de la sensibilidad y la adaptabilidad de las que depende todo progreso fueron ahogadas para siempre.
¡Era esto! Aquellos demonios querí­an estudiar en nosotros, en mí­, que me encontraba mezclado con aquel rebaño por una extravagancia del destino, las prácticas amorosas de los hombres, las formas de acercamiento del macho y de la hembra, la manera de acoplarse en cautividad, para compararlas, tal vez, con observaciones anteriores sobre los hombres en libertad. ¿Acaso pensarí­an también librarse a prácticas de selección?
La amistad es animal de compañí­a, no de rebaño.
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