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Encontramos 12 frases sobre Opio

Cuanto más se trabaja, menos se piensa: que el cansancio sólo produce sueño. El trabajo es el opio de los pueblos. " Teatro completo " (1968), Max Aub
Autor:" Teatro completo " (1968) Max Aub
El hombre que, habiéndose entregado al opio o al hachí­s durante largo tiempo, ha podido encontrar, debilitado como estaba por la costumbre de su servidumbre, la energí­a necesaria para emanciparse, se me aparece como un preso evadido. " Los paraí­sos artificiales " (1860), Charles Baudelaire
La revolución no es un opio, es una purga, un éxtasis que sólo prolonga la tiraní­a. Los opios son para antes o después.
La música es un maravilloso opio sino te la tomas demasiado en serio.
Para qué volver sobre el hecho sabido de que cuanto más se parece un libro a una pipa de opio más satisfecho queda el chino que lo fuma, dispuesto a lo sumo a discutir la calidad del opio pero no sus efectos letárgicos.
La religión es el opio del pueblo. " Crí­tica de la filosofí­a del derecho de Hegel " (1843), Karl Marx
Yong es la manifestación externa de algo. Ti, la esencia subyacente. La tecnologí­a es un yong asociado con un ti particular que es -aquí­ el doctor se detuvo y, por un esfuerzo evidente, se contuvo para no emplear un término peyorativo como bárbaro o gwailo- occidental, y completamente extraño para nosotros. Durante siglos, desde los tiempos de las Guerras del Opio, hemos luchado por absorber el yong de la tecnologí­a sin importar el ti occidental. Pero ha sido imposible. De la misma forma que nuestros antepasados no podí­an abrir los puertos al oeste sin aceptar el veneno del opio, no podí­amos abrir nuestras vidas a la tecnologí­a occidental sin aceptar las ideas occidentales, que han sido una plaga para nuestra sociedad. El resultado han sido siglos de caos. Le pedimos que le ponga fin dándonos la Simiente. " La era del diamante " (1995), Neal Stephenson
(...) Varios fabricantes de telas de algodón me comunicaron que sus obreros contraí­an rápidamente el hábito del opio, hasta el punto de que los sábados por la tarde los mostradores de las boticas estaban cubiertos de pí­ldoras de uno, dos o tres granos, en previsión de la demanda esperada para esa noche. La causa inmediata de tal costumbre eran los bajos salarios, que entonces no permití­an a los obreros regalarse con cerveza o licores: se pensaba que al aumentar los salarios cesarí­an esas prácticas, pero se me hace difí­cil creer que nadie que haya gustado los divinos placeres del opio pueda luego descender a los goces groseros y mortales del alcohol.
Como en general el opio aumenta mucho la actividad de la mente, por fuerza aumentará también el modo particular de dicha actividad, que nos permite construir con la materia prima del sonido orgánico un refinado placer intelectual. Pero me dice un amigo, para mí­ la sucesión de notas musicales es, como una serie de caracteres arábigos, no me inspira ideas de ninguna clase. ¿Ideas, mi querido señor? No es el momento de tenerlas: todas las ideas que surgen en tales casos disponen del idioma de los sentimientos representativos.
El lector advertido no se interesará en el tema de los ensalmos fascinantes sino sobre todo en el poder de fascinación. El verdadero protagonista de la historia y el centro legí­timo en torno al cual gira el interés no es el comedor de opio sino el opio. Mi propósito fue demostrar la eficacia maravillosa del opio para el placer y para el dolor: si lo he conseguido la acción de la pieza ha terminado.
Sólo tú haces estos regalos al hombre y posees las llaves del paraí­so, ¡Oh justo, sutil y poderoso opio!
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