Las mejores 12 Frases de Náufrago - FrasesWiki.com

Encontramos 12 frases sobre Náufrago

Noche crucial, noche en su noche. Mi noche. Mi importancia. Mí­ misma. La asfixiada ama la ausencia del aire. Memorias de una náufraga. Sueños de náufraga. Qué puede soñar una náufraga sino que acaricia las arenas de la orilla. " Diarios " (2003), Alejandra Pizarnik
Autor:" Diarios " (2003) Alejandra Pizarnik
El náufrago que logra subir unos segundos a la superficie y tomar aire antes de hundirse nuevamente no es más feliz en el momento de tomar el aire que en el de consumirlo. " El mundo " (2007), Juan José Millás
Autor:" El mundo " (2007) Juan José Millás
Y si se ahoga, muera, por lo menos, sabiendo que se dirigí­a a la playa. " Fahrenheit 451 " (1953), Ray Bradbury
Autor:" Fahrenheit 451 " (1953) Ray Bradbury
Sí­: me buscas. Torpemente, furiosamente lleno de amor que buscas. No me digas que no. No, no me digas que soy náufrago solo como esos que de súbito han visto las tinieblas rasgadas por la brasa de luz de un gran naví­o, y el corazón les puja de gozo y de esperanza. Pero el resuello enorme pasó, rozó lentí­simo, y se alejó en la noche, indiferente y sordo. Dime, di que me buscas. Tengo miedo de ser náufrago solitario, miedo de que me ignores como al náufrago ignoran los vientos que le baten, las nebulosas últimas, que, sin ver, le contemplan. " Hijos de la ira " (1944), Dámaso Alonso
Autor:" Hijos de la ira " (1944) Dámaso Alonso
Se sentí­a perdida entonces, como si fuera la única superviviente de un naufragio y se hallara en el agua sin tierra a la vista, sola ante la inmensidad del mar. " Mil soles espléndidos " (2007), Khaled Hosseini
Autor:" Mil soles espléndidos " (2007) Khaled Hosseini
Tu nombre era innombrable, porque habí­a naufragado en la playa de unos labios desierto.
La tercera figura, la más lejana, era una joven tumbada al sol. Con una de las piernas flexionadas y la larga cabellera esparcida sobre la arena, parecí­a una náufraga que espera ser rescatada de su propio hundimiento. Como yo mismo.
Sin campanas cruzaban barcos náufragos.
El náufrago que se debate en un mar sin fondo, buscando un punto de apoyo, se agarra a lo primero que encuentra para mantenerse a flote, ni que sea una caña; no lo piensa dos veces, en ella cifra su salvación y, con el tiempo, creerá -puesto que otra cosa no tiene y el implacable instinto de supervivencia suele sugerir ideas mí­sticas- que el objeto que ha encontrado casualmente le pertenece, que lo ha elegido a él y él ha elegido al objeto; pero tan pronto como la rí­tmica fuerza de las olas lo lanza a la playa de la madurez comprende que debe su salvación a la casualidad, pero ¿Puede llamarse casualidad a aquello que lo ha salvado de ahogarse?
Sólo el afán de un náufrago podrí­a remontar este infierno que aborrezco. Crece mi furia y ante mi furia crezco y solo junto al mar espero el dí­a.
Hoy no lució la estrella de tus ojos. Náufrago de mí­ mismo, húmedo del brazo de las ondas, llego a la arena de tu cuerpo en que mi propia voz nombra mi nombre, en que todo es dorado y azul como un dí­a nuevo y como las espigas herméticas, perfectas y calladas.
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