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Encontramos 12 frases sobre Museo

Los museos de verdad son los sitios en los que el tiempo se transforma en espacio. " El museo de la inocencia " (2008), Orhan Pamuk
Autor:" El museo de la inocencia " (2008) Orhan Pamuk
Donde estarí­a bien serí­a en una ciudad amurallada del siglo XV, una ciudad de callejas estrechas, mal empedradas, de afilados campanarios, cuyos habitantes vistieran medias de estambre y zapatos puntiagudos. Tení­a la cara atractiva, sensitiva, extrañamente medieval, y me recordaba un retrato que habí­a visto en un museo, no sabí­a en cuál, de un Caballero Desconocido. " Rebeca " (1938), Daphne du Maurier
Autor:" Rebeca " (1938) Daphne du Maurier
No voy a hacer el camino universitario porque el estudio universitario es la muerte del arte. Los museos y los estudios universitarios son la muerte del arte. Entonces me voy a ir a hacer el arte, que después me metan de momia en un museo, ya vendrá... Pero yo no voy a meter a nadie en un museo.
Dedicó toda su conferencia a un solo cuadro: La muerte de Acteón. No era una de las obras expuestas en el Louvre, ni en ningún otro museo. Por lo visto pertenecí­a y seguramente aún pertenece a un afortunado particular. (...) el profesor fue mostrando los diferentes detalles de ese curioso episodio mitológico.
Tus cuadros colgarán en los museos de ímsterdam y de La Haya, de Parí­s y de Dresde, de Múnich y de Berlí­n, de Moscú y de Nueva York. No tendrán precio porque nadie los querrá vender. Libros enteros se escribirán sobre tu arte, Vincent. Tu vida servirá de tema para novelas y piezas de teatro. Cuando se encuentren dos hombres que amen la pintura, pronunciarán el nombre de Vincent Van Gogh como algo sagrado.
Es importantí­simo entrar en un museo con ojos de niño. Muchas veces entramos abrumados por el peso de la cultura, quizá, pensando que no tenemos suficiente preparación para entender un cuadro si antes no hemos estudiado el siglo en el que se pintó o no conocemos la biografí­a del artista o personaje representado, y esa circunstancia cultural termina haciendo que no disfrutemos de la obra. En realidad, aquellos artistas lo que buscaban era impactar emocionalmente en quien contemplara su obra. Por lo tanto, si nos adentramos en un museo con ojos de niño, de querer sorprenderse, estaremos haciéndole el buen servicio al artista porque nos caeremos dentro de su pintura, que es justo lo que ellos pretendí­an.
El crecimiento del capitalismo ha sido una poderosa influencia en el desarrollo del museo como el albergue propio de las obras de arte, y en el progreso de la idea de que son cosa aparte de la vida común.
Las artes que hoy tienen mayor vitalidad para el hombre de a pie son cosas que no considera como arte; por ejemplo, el cine, el jazz, frecuentemente la página cómica, los relatos periodí­sticos de amores, asesinatos y correrí­as de bandidos. Porque cuando lo que él conoce como arte se relega al museo o a la galerí­a, el incontenible impulso hacia experiencias que se pueden gozar con sí­ mismas encuentra tantos escapes cuantos el ambiente provee.
A las nubes también el color tiñe, túnicas tintas en el mal les ciñe, las roe, las horada, y a la crí­tica nuestra, si las mira, por qué al museo su ilusión retira la escultura humillada.
Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo, busco esa lí­nea que hace temblar a un hombre en una galerí­a de museo. Además te quiero, y hace tiempo y frí­o.
Creo que estoy a caballo entre dos mundos, soy de una generación que ha vivido la era digital y tecnológica, pero vengo de un mundo más antiguo. Me he criado en el Museo de El Prado porque viví­a muy cerca y tengo esa dicotomí­a entre lo manual y lo que se hace utilizando máquinas y cables.
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