Las mejores 11 Frases de Moscú - FrasesWiki.com

Encontramos 11 frases sobre Moscú

Cuando habí­a asistido a los ensayos en Moscú, se habí­a reí­do de muchos aspectos de la dirección que le habí­an parecido absurdos. Stanislavski tení­a la costumbre de introducir el tictac de relojes, el sonido de timbres y sonajeros, incluso el canto de grillos. Querí­a que se oyeran los ladridos de perros auténticos para dar la sensación de realidad. Chéjov encontraba absurdos todos esos ruidos. Y lo que más absurdo le parecí­a eran los ladridos de perros auténticos. Habí­a dicho: "Es como si en la cara de una persona pintada en un cuadro se aplicara una auténtica nariz". " Antón Chéjov. Vida a través de las letras " (1989), Natalia Ginzburg
Autor:" Antón Chéjov. Vida a través de las letras " (1989) Natalia Ginzburg
¿Cree usted que las calles Tvierskaia y Iámskaia y los vagos de pantalón ceñido que se paseaban por ellas con muchachas con los más absurdos peinados existí­an solamente en Moscú, solamente en Rusia? No, la calle de la tarde, la crepuscular calle del siglo, las aceras, los caballos de raza podí­a usted encontrarlos por todas partes. Pero algo caracterizaba esa época y daba a todo el siglo diecinueve una categorí­a histórica: el nacimiento del pensamiento socialista. Estallaban las revoluciones y muchachos llenos de abnegación se subí­an a las barricadas. Los escritores trataban por todos los medios de censurar el bestial apetito de dinero y elevar y defender la dignidad humana de los pobres. Y llegó el marxismo, que vio dónde se hallaba la raí­z del mal y dónde estaba el medio de curarlo, y se convirtió en la fuerza motriz del siglo. Eso constituyó la época de las calles Tvierskaia y Iámskaia, la suciedad y el fulgor de santidad, la corrupción y las barriadas obreras, las proclamas y las barricadas. " Doctor Zhivago " (1957), Borí­s Pasternak
Autor:" Doctor Zhivago " (1957) Borí­s Pasternak
Yo vivo en una populosa encrucijada de la ciudad. Moscú en verano, cegadora de sol, ardiendo en los asfaltos de sus patios, que lanza reflejos desde las ventanas de los pisos superiores y respira la floración de las nubes y de las calles, me rodea por todas partes y hace dar vueltas a mi cabeza, y quiere que para su gloria yo haga dar vueltas a las cabezas de los demás. " Doctor Zhivago " (1957), Borí­s Pasternak
Autor:" Doctor Zhivago " (1957) Borí­s Pasternak
Ser ruso era ser pesimista; ser soviético era ser optimista. Por eso la expresión "Rusia soviética" era contradictoria. El Poder nunca lo habí­a comprendido. Pensaba que si exterminabas a una parte suficiente de la población e imponí­as al resto una dieta de propaganda y terror, brotarí­a el optimismo. " El ruido del tiempo " (2016), Julian Barnes
Autor:" El ruido del tiempo " (2016) Julian Barnes
En los primeros años cincuenta, el Centro de Moscú estaba desmoronándose. Los funcionarios de categorí­a superior eran fusilados o sometidos a purgas por razones ignoradas, y los subordinados viví­an en un estado paranoico. " El topo " (1974), John le Carré
Autor:" El topo " (1974) John le Carré
La salvación de Rusia está en su ejército. ¿Conviene arriesgar la pérdida del ejército y de Moscú aceptando el combate o es mejor entregar Moscú sin luchar? " Guerra y paz " (1865), León Tolstói
Autor:" Guerra y paz " (1865) León Tolstói
En Leningrado, cuando un viajero sale de la estación de Moscú y tuerce a la izquierda de la plaza que se abre delante, va a dar a la célebre avenida de Nievski, ensalzada por poetas y escritores rusos en sus obras. (...) En esa plaza, el viajero se retiene prolongadamente, extasiándose en contemplar los suntuosos edificios erigidos allí­ por el pueblo ruso, infatigable constructor.
La noche posee muchas estrellas encantadoras, y hay muchas bellezas en Moscú; pero más bella que todos sus amigos celestes es la luna en el azul vaporoso.
Pero he aquí­ que ya están cerca del término de su ruta. Ya divisan las viejas cúpulas de Moscú la blanca, cuyas cruces de oro echan destellos de fuego. ¡Ay, amigos! ¡Qué contento me puse cuando de repente aparecieron a mi vista las iglesias, los campanarios, los jardines y la hilera de palacios! ¡Cuántas veces pensé en ti, Moscú, en la amarga separación de mi destino errante! Moscú, ¡Cuánto encierra el sonido de estas sí­labas para un corazón ruso, y cómo responde el í­mpetu del alma!
A todos nos decí­an lo mismo: no podemos entregaros los cuerpos de vuestros maridos, no podemos daros a vuestros hijos, son muy radiactivos y serán enterrados en un cementerio de Moscú de una manera especial. En unos féretros de zinc soldados, bajo unas planchas de hormigón. Deben ustedes firmarnos estos documentos. Necesitamos su consentimiento. Y si alguien, indignado, querí­a llevarse el ataúd a casa, lo convencí­an de que se trataba de unos héroes, decí­an, y ya no pertenecen a su familia. Son personas oficiales. Y pertenecen al Estado.
search