Las mejores 12 Frases de Artificio - FrasesWiki.com

Encontramos 12 frases sobre Artificio

La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado. " El amor en los tiempos del cólera " (1985), Gabriel Garcí­a Márquez
Autor:" El amor en los tiempos del cólera " (1985) Gabriel Garcí­a Márquez
El cine es el instrumento moderno de la mentira. (...) Esas imágenes que se suceden con tanto artificio son una caricatura de la vida. " El expediente del náufrago " (1992), Luis Mateo Dí­ez
Autor:" El expediente del náufrago " (1992) Luis Mateo Dí­ez
Se requiere mucha inteligencia para disfrazar de artificio las propias emociones. " El tango de la guardia vieja " (2012), Arturo Pérez-Reverte
Autor:" El tango de la guardia vieja " (2012) Arturo Pérez-Reverte
La fotografí­a puede ser un arte: cuando no hay en ella ya demencia alguna, cuando su noema es olvidado, y por consiguiente su esencia no actúa más sobre mí­. El cine participa de esta domesticación de la fotografí­a (por lo menos el cine de ficción, el que se dice el séptimo arte); un film puede ser demente por artificio, presentar los signos culturales de la locura, pero nunca lo es por propia naturaleza. Es una ilusión, su visión es meditativa. " La cámara lúcida: nota sobre la fotografí­a " (1980), Roland Barthes
Autor:" La cámara lúcida: nota sobre la fotografí­a " (1980) Roland Barthes
La crisis vino a recordar que esta suerte de euforia igualitaria en la cual estábamos era artificial. En el mundo competitivo la igualdad es siempre artificial. Y esa igualdad artificial puede ser una igualdad tecnológica justamente porque la tecnologí­a es un artificio.
Era aquello... ¿Cómo lo diré yo? Un gallardo artificio sepulcral de atrevidí­sima arquitectura, grandioso de traza, en ornamentos rico, por una parte severo y rectilí­neo a la manera viñolesca, por otra movido, ondulante y quebradizo a la usanza gótica, con ciertos atisbos platerescos donde menos se pensaba; y por fin cresterí­as semejantes a las del estilo tirolés que prevalece en los kioskos. Tení­a piramidal escalinata, zócalos greco-romanos, y luego machones y paramentos ojivales, con pináculos, gárgolas y doseletes. Por arriba y por abajo, a izquierda y derecha, cantidad de antorchas, urnas, murciélagos, ánforas, búhos, coronas de siemprevivas, aladas clepsidras, guadañas, palmas, anguilas enroscadas y otros emblemas del morir y del vivir eterno. Estos objetos se encaramaban unos sobre otros, cual si se disputasen, pulgada a pulgada, el sitio que habí­an de ocupar. En el centro del mausoleo, un angelón de buen tallo y mejores carnes se inclinaba sobra una lápida, en actitud atribulada y luctuosa, tapándose los ojos con la mano como avergonzado de llorar; de cuya vergí¼enza se podí­a colegir que era varón. Tení­a este caballerito ala y media de rizadas y finí­simas plumas, que le caí­an por la trasera con desmayada gentileza, y calzaba sus pies de mujer con botitos, coturnos o alpargatas; que de todo habí­a un poco en aquella elegantí­sima interpretación de la zapaterí­a angelical. Por la cabeza le corrí­a una como guirnalda con cintas, que se enredaban después en su brazo derecho. Si a primera vista se podí­a sospechar que el tal gimoteaba por la molestia de llevar tanta cosa sobre sí­, alas, flores, cintajos, y plumas, amén de un relojito de arena, bien pronto se caí­a en la cuenta de que el motivo de su duelo era la triste memoria de las virginales criaturas encerradas dentro del sarcófago. Publicaban desconsoladamente sus nombres diversas letras compungidas, de cuyos trazos inferiores salí­an unos lagrimones que figuraban resbalar por e
El soberano artificio es no tener artificio. Nuestras palabras han de estar inflamadas, no con gritos o acciones desmesuradas, sino por el afecto interior; tienen que salir del corazón más que de la boca. Por mucho que se diga, el corazón habla al corazón, mientras que la lengua no habla más que a los oí­dos.
En tus ojos alucinados por espejismos de vicio, queman los siete pecados raros fuegos de artificio.
Cuanto la configura -la cara, el cuello, el vientre, las nalgas, las piernas, los brazos- ha sido objeto de operaciones delicadas y costosas, tan sutiles que se requieren la experiencia y el buen ojo de un especialista, para detectar las ocultas puntadas que dan firmeza y armazón al artificio, al singular muñeco, recompuesto, ajustado, pintado y teñido.
El proceso por el cual se constituye la atención voluntaria es reductible a esta única fórmula: hacer atractivo por artificio lo que no lo es por naturaleza; dar un interés artificial a las cosas que no tienen un interés natural.
Se tiende a honrar a quien ha dedicado toda su vida a una única empresa, lo cual es justo, pero quien quema toda su vida en un fuego de artificio, que dura un instante, testimonia con mayor precisión y pureza los valores auténticos de la vida humana.
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