Las mejores 12 Frases de Anciano - FrasesWiki.com

Encontramos 12 frases sobre Anciano

(... ) ¿Serí­a que una muchacha profundamente dormida, que no dijera nada ni oyera nada, lo oí­a todo y lo decí­a todo a un anciano que, para una mujer, habí­a dejado de ser hombre? " La casa de las bellas durmientes " (1961), Yasunari Kawabata
Autor:" La casa de las bellas durmientes " (1961) Yasunari Kawabata
Ver reí­r a una anciana es un milagro.
Un anciano muere, una biblioteca se quema...
A la mesa se sentaba una anciana de rostro apergaminado, tan menuda y abrigada que costaba distinguirla de los cojines y gualdrapas repartidas irregularmente por la pieza para disimular el deterioro del mobiliario.
No fue ilustre, es verdad, placidí­simo anciano, la lí­nea de tu estirpe, ni tu árbol genealógico se remonta a ancestros lejanos, pero tu enorme fortuna compensó tu linaje y ocultó la bajeza de tus padres.
Habí­a ocho o nueve alrededor de una mesa cubierta de fieltro verde que habí­a en el fondo. La baja bombilla iluminaba a cinco jugadores sentados, mientras el resto, de pie, miraba y hací­a sugerencias. Mi padre estaba entre los mirones. Eran un grupo de jubilados que viví­an del subsidio, gruñones, irascibles, amargados, viejos cabrones endurecidos, renegones y más bien mezquinos, que disfrutaban con su ingenio cruel, su iconoclastia y su camaraderí­a. Allí­ no habí­a filósofos, ningún venerable oráculo que hablara desde las profundidades de la experiencia vital. No eran más que ancianos matando el tiempo, esperando que se le acabase la cuerda al reloj. Mi padre era uno de ellos.
Abrió los ojos y miro a quien tení­a a su lado, un anciano de cabellos blancos y rostro muy sereno, pensó que ese rostro darí­a un bello dibujo, porque el sol brillaba más en sus cabellos y creaba más luz en sus ojos cansados...
Una leyenda es un anciano con un bastón conocido por lo que él solí­a hacer. Todaví­a estoy haciendo.
No puede un viejo solo llenar toda una casa, un rincón de los campos, una granja. No puede. Así­ un anciano guarda la casa solitaria, en la noche de invierno. Y está solo. Está solo.
Una mañana, un joven que parecí­a un niño fue a una librerí­a y pidió que se le presentara a su maestro. Ellos hicieron lo que deseaba. El librero, un anciano de aspecto venerable, miró con severidad a los jóvenes un poco intimidado, de pie delante de él, y lo invitó a hablar. "Quiero hacer el librero", dijo el joven principiante: "Tengo un gran deseo y no sé lo que me impedirí­a llevar a mi propósito".
Nada me inspira más veneración y asombro que un anciano que sabe cambiar de opinión.
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