Las mejores 12 Frases de Afán - FrasesWiki.com

Encontramos 12 frases sobre Afán

El hombre debe y puede ser hombre. Toda pretensión de superhombre, todo esfuerzo por trascender al hombre, todo afán de ser héroes, toda existencia semidivina está de sobra en el hombre, pues no es verdadera.
Este galardón es una muestra de éxito, y el afán de éxito es descabellado. Antes de ser alcanzado, el éxito no existe, sólo es motivo de ansiedad; pero cuando llega es peor: después de obtenido, la vida no se detiene y el éxito la ensombrece; nadie puede repetir constantemente el éxito y al cabo de muy poco el éxito se convierte en una pesada carga; se necesita de nuevo, constantemente, pero ahora a sabiendas de su inutilidad.
¡Qué pretensión tan vanidosa la tuya de querer evitar que mis manos sobre tu piel se hicieran lluvia!
Amo al que hace de su virtud su afán y fatal destino; pues por su virtud quiere seguir con vida y no quiere vivir más.
Y muchas veces vací­as la copa en tu afán de llenarla.
Y en sueños confunde la muerte, la vida: recuerda y olvida, suspira, respira con hórrido afán.
En estos, el afán de verdad era sobre todo temor a errar, circunspección, cautela, crí­tica. Ortega [José Ortega y Gasset] está dominado por el entusiasmo, por el afán de realidad, por el deseo de absorber un mundo que le parecí­a maravilloso.
El afán de conocimiento, como la sed de riquezas, aumenta siempre con su adquisición.
El afán de perfección hace a algunas personas totalmente insoportables.
Una causa no triunfa por su bondad y su justicia; triunfa por el afán de sus adeptos.
Obsesionado por mi trabajo, no querí­a dejarme vencer por las dificultades: era demasiado ambicioso para eso. Cada nuevo obstáculo no hací­a sino estimular mi afán. Es de suponer que la multitud y variedad de mis tareas me dejaban poco tiempo para ocuparme personalmente de los presos. Me veí­a obligado a confiar esta actividad a subalternos tan poco recomendables como Fritzsch, Meier, Seidler y Palitzsche, los cuales sabí­a que no administrarí­an el campo conforme a mis ideas e intenciones. Pero yo no podí­a estar en todo. Se me imponí­a una elección: o me ocupaba sólo de los presos o dedicaba toda la energí­a posible a la reconstrucción y el ensanche del campo. En ambos casos habí­a que consagrarse por entero, sin posibles términos medios. Ahora bien: la construcción y el ensanche del campo eran mi labor esencial.
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