Las mejores 12 Frases de Abuelo - FrasesWiki.com

Encontramos 12 frases sobre Abuelo

Tengo razón cuando me digo (como mi abuelo) el mundo no está de acuerdo conmigo el mundo y yo no estamos de acuerdo (No son amos los amores; los odios si lo inmundo).
"Pero abuelito, parece que eres tonto. ¿Por qué estás pidiendo y pidiendo a esos tí­os de los ministerios, que son unos cualesquiera y no te hacen caso? Pí­deselo a Dios, ve a la iglesia, reza mucho, y verás cómo Dios te da el destino". Todos se echaron a reí­r; pero en el ánimo de Villaamil hizo efecto muy distinto la salida del inspirado niño. Por poco se le saltan al buen viejo las lágrimas, y dando un golpe en la mesa con el cabo del tenedor, decí­a: "Ese demonches de chiquillo sabe más que todos nosotros y que el mundo entero".
(...) Un recuerdo de infancia que me viene es cuando mi abuelo me llevó de pesca y yo estaba en la piragua. No era importante ser chico o chica, era sólo una persona con su abuelo viviendo un momento dulce e instructivo.
Abuelo, ¿Tuviste miedo cuando te encontraste con el tigre? No me dan miedo los tigres sino los hombres malos. Abuelo, ¿Te has encontrado con hombres malos? Hay más hombres malos que tigres pero no puedes cazarlos con la escopeta.
Ante ese faro han desfilado por espacio de un siglo los majestuosos barcos de los siete mares. En tiempos de mi abuelo eran multitud; en los de mi padre no tanto, y ahora son tan pocos que a veces me siento extrañamente sólo, como si yo fuese el último hombre sobre nuestro planeta.
Un dí­a mi abuelo me dijo que hay dos tipos de personas: las que trabajan, y las que buscan el mérito. Me dijo que tratara de estar en el primer grupo: hay menos competencia ahí­.
Su carita tení­a tal expresión de paz y felicidad, que sin duda debió impresionar al abuelo, pues éste estuvo contemplándola largamente sin hacer el menor gesto.
"Vuestro abuelo nunca será el chico más popular de la residencia, ¿Vale? ", les informó Robina el dí­a en que ingresaron a Sawtooth. "No pongáis vuestras esperanzas en ello. No es una persona muy social".
Cuando llegó a casa, Matí­as se sentó a comer solo, se fue a lavar los dientes solo y se puso el pijama solo. Y entonces percibió la ausencia del abuelo. La compañí­a de una persona está llena de ruidos: la cadena del váter, el grifo de la cocina, las toses. Para Matí­as, estar solo significaba que nada sonaba a su alrededor. Esa noche, en vez de meterse en la cama, se cubrió con las mantas de la cama. Y así­ permaneció durante horas y horas, porque querí­a no estar en ninguna parte, querí­a desaparecer y que nadie le hablase nunca más de tan triste que se sentí­a.
El abuelo era genial. Cazaba lagartijas y mariposas con una red sólo para mirarlas, y luego las soltaba en el rí­o del pueblo. Cocinaba fatal, eso sí­. Su plato más exquisito era arroz seco con pedazos de tomate crudo. Pero hasta eso era divertido. Matí­as siempre habí­a vivido con él, y aunque veí­a que los demás chicos tení­an padres y madres, nunca sintió que le faltase nada.
(...) Supo la traición más dura, luego el silencio, el rumor, luego el murmullo, el clamor, y al fin supo del aullido, y del último estallido mi abuelo supo el amor.
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