Las mejores 11 Frases de Victoriano Huerta - FrasesWiki.com

Encontramos 11 frases de Victoriano Huerta

A todo esto las víctimas caían; primero por centenares, después a millares. Con frecuencia me he preguntado a qué se debe mi indiferencia por la vida humana. Yo no siento nunca que la piedad conmueva mi corazón: ¿Es éste de piedra? ¿El alcohol, que en tanta abundancia he ingerido, atacó mi entraña y aniquiló en ella la sensación? Yo no siento lo que he oído llamar la voluptuosidad de matar, no. La muerte de un ser humano produce en mí ser el mismo sentimiento que la caída de la hoja de un árbol.
Imaginaos un ejército que sigue a su jefe por simpatía que va más lejos que la que debe tener un subordinado para su superior: si el jefe le contraría, lo abandona en el acto. Pero yo hice política hasta con los ascensos. ¡Yo ascendí tan rápidamente a mis oficiales, que en menos de tres meses me vi rodeado de napoleones! ¡Todos se creían con dotes de mando: todos se consideraban postergados por los superiores que Madero me había enviado en calidad de coroneles honorarios; y todos veían en mí al hombre que había de concederles el generalato que los librara de aquellos coroneles de petate!
La militarización de México la hice con el fin de obtener un gran contingente de fuerzas para el caso de tener que emprender una campaña y también con este objeto: someter a todos los que quisieran oponerse a mi política, por medio de la disciplina militar.
Lo que más me ayudó fue el temor que abrigaban en mi país todos los gobernantes a una intervención armada de parte de los Estados Unidos... El señor embajador de los Estados Unidos hizo, pues, sus gestiones encaminadas a hacer creer al gobierno que los Estados Unidos intervendrían en México si no cesaba la lucha en la capital. La especie se propaló en un momento de terror y todo el mundo la acogió no sólo como posible sino hasta como una medida salvadora...
No creo en la opinión pública ni en el prestigio de los hombres. Creo que para un gobernante es igual que los hombres que lo rodean, distribuyan oro o que asesinen. Esto lo he comprobado en mi administración. Para mí, pues, todo es el éxito.
Pero si Rubio triunfó allí y Rábago obtuvo un triunfo de los más grandes en el combate de la Cruz, donde sin artillería venció a los orozquistas, el triunfo político era mío. Político he dicho y no retiro la palabra. Política era la que estaba yo haciendo: política en favor de mi persona: atraía con las victorias, la atención de toda la República. La prensa empezaba a hablar de mí poniéndome en parangón con don Francisco Madero; se me señalaba como el salvador de éste. Recibía felicitaciones de los políticos y cartas entusiásticas de militares que querían unirse a mi columna. En una palabra: progresaba en mi camino hacia la Presidencia.
Una derrota violenta significaba para mí escaso éxito. Se hubiera hablado de mi División, se me hubiera ascendido; pero nada más. ¡Y yo no quería un ascenso: yo iba a exigir por aquella campaña, el Ministerio de la Guerra! Es tan antigua como el Ejército mexicano la táctica de prolongar las campañas. Las campañas producen prestigio y dinero. Mientras más larga es la campaña, es más productiva.
Yo creo que un gobernante de México que no tenga en su alma estos defectos o cualidades (como se quiera llamarles), no triunfará nunca.
Yo era egoísta como Napoleón y desconfiado como una rata. Napoleón fue, a mi juicio, el hombre más egoísta de los hombres; sin cultivar su egoísmo como lo cultivó, no hubiera sido nunca el dueño de las tres cuartas partes de Europa. Y es bien sabido que ni a las mujeres amaba, por amarse a sí mismo. Fui desconfiado como una rata, porque había necesitado matar y traicionar para mi prosperidad. Por esto temía infidencias y traiciones de cada uno de los hombres que me rodeaban.
Yo temo a la prensa. Desde que conocí las campañas que se hicieron contra Don Porfirio y también el miedo que inspiraban al Caudillo los ataques impresos, sentí aversión para los periodistas. Instintivamente comprendía el poder que estos hombres tienen en sus manos; y también la educación política porfiriana nos decía que había que comprar o matar al periodista.
  • account_boxFicha del Autor
  • Fecha de Nacimiento 22 de diciembre de 1850
  • Ciudad de Nacimiento Jalisco
  • Pais de Nacimiento México
  • Ciudad/Pais donde fallece Texas,Estados Unidos
  • Profesiones practicadas en su vida
    Ingeniero y militar mexicano, persona de gran astucia estratégica, ambición desmedida e instigador de una dictadura sangrienta cuando se erigió como presidente de México (1913-1914).
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